9/07/2015

¿No existen límites? ES MUY PROBABLE QUE EXISTAN...

Desde algunas corrientes de la psicología de la autoayuda y el coaching se ha vendido la idea de que todos tenemos todos los recursos para conseguir lo que queramos. Frases como el cielo es el límite o que los únicos límites que hay son los de tu mente tienen gran acogida entre la gente, sobretodo en aquella que está buscando un cambio en su vida. Y eso no está mal si nos lo tomamos simplemente como una frase motivacional, sin más. Si no creemos a pies juntillas en esas afirmaciones.
Porque el problema de esas afirmaciones es que no son totalmente ciertas. Por mucho que nos gustara pensar que es así, que no existen límites, la realidad es otra. Porque una de las características que tiene la realidad es el hecho de ser muy tozuda y no dejarse influenciar por frases grandilocuentes.
Veamos algunos ejemplos. La belleza es algo que depende en gran medida de la genética. Aparte de los genes que te han tocado vendrá después lo que tu hagas con ellos, si te cuidas o no, si te arreglas, si sabes sacarte partido… pero creo que es obvio que si no quieres pasar por un quirófano (y aún pasando) cuanto te puedas mejorar físicamente estará claramente delimitado por tu punto de partida. Esto es algo que la mayoría aceptamos sin demasiado problema posiblemente porque es una evidencia. No todas somos Claudia Schiffer o Gisele Bundchen y eso lo tenemos claro. Pero cuando se trata de otras cuestiones, como la inteligencia o la resistencia física nos resulta más difícil de admitir que la genética también juega un papel importante.
No estoy diciendo con esto que no podamos mejorar en muchos de nuestros aspectos, forzar los límites de nuestra genética y sacarnos un partido que nadie hubiera pensado que podíamos sacar. Lo podemos hacer si nos lo ponemos como meta y persistimos en ello. Hay ejemplos realmente loables de personas que se han superado hasta el límite de lo imaginable. Pero hay un tope.
Lee el siguiente cuento:
Al atacar a un rebaño, una tigresa dio a luz y poco después murió. El cachorro creció entre las ovejas y llegó él mismo a tomarse por una de ellas. Se esforzaba por comer hierba, lo cual no le gustaba nada, y por balar, lo cual le era muy difícil. Cuando un chacal se acercaba al rebaño, el joven tigre, imitando a los corderos, huía aterrado. Era sumamente apacible, pacía y balaba, ignorando por completo su verdadera naturaleza. Así transcurrieron algunos años.
Un día, un tigre adulto surgió en lo alto de un peñasco que dominaba una llanura. Todos los corderos huyeron, y el tigrecito con ellos.
El tigre persiguió al rebaño y agarró al tigrecito por la piel del cuello. Le preguntó, intrigado:
-Oye, ¿por qué te comportas como una oveja, si tú eres un tigre?
Pero el tigre-oveja baló asustado.
Se lo llevó. El pequeño tigre temblaba de miedo y ya se veía devorado. Llegaron a la orilla de un río. El tigre dejó al tigrecito en el suelo y lo empujó hasta el borde del río. Entonces se sentó a su lado e inclinó su cabeza sobre el agua. De esa forma, el tigre y el tigrecito se vieron reflejados el uno al lado del otro. El tigrecito vio que se parecía al tigre adulto, pero no se convenció totalmente.
El tigre-oveja seguía creyéndose una oveja, hasta tal punto que cuando el tigre recién llegado le dio un trozo de carne ni siquiera quiso probarla. “Pruébala”, le ordenó el tigre. Asustado, sin dejar de balar, el tigre-oveja probó la carne. En ese momento la carne cruda desató sus instintos de tigre y reconoció su verdadera y propia naturaleza. El tigrecito comprendió cuál era su verdadera condición, y los dos animales se alejaron juntos.
Si eres un león, actúa como un león. Si eres una oveja, actúa como una oveja. Pero no trates de ser un león si en realidad eres una oveja. Te comerán vivo.
Lo que te aporta un psicólogo es esa conciencia del límite, no como una barrera infranqueable sino como la seguridad de que te estas moviendo dentro de tus potencialidades y capacidades. Todos tenemos un tope en determinados aspectos y cuando alguien te empuja fuera de ese tope no te está sacando de tu zona de confort sino que te está empujando contra un muro que no puedes derribar. Decir a las personas que no existen límites es engañarlas.
Y digo un psicólogo porque en el curriculum formativo del psicólogo se estudia la mente, la psicopatología, la neurofisiología y el cerebro, lo que nos da una capacidad mayor que a otros profesionales de la ayuda para poder visualizar esos límites y por tanto también las potencialidades latentes.



Vuelvo a repetir que no se trata de limitar a nadie ni de impedirle alcanzar su máximo potencial, sino de no meterle en un callejón sin salida. Cualquiera puede elegir progresar en una área para la que no esté especialmente dotado, pero seguramente nunca destacará en ella. Es una elección y cada persona es libre de hacerla. La magia de la terapia está en conseguir que podamos esforzarnos en aquello que deseemos como si no hubiera límite pero que no nos sintamos frustrados cuando alcancemos nuestro tope. Y que descubramos quiénes somos realmente y así podamos desarrollarnos con plenitud. Como dijo Swami Vivekananda: Cada uno posee una naturaleza que le es propia, que debe seguir y de acuerdo con la cuál encontrará el camino de la liberación.
Por eso mira la terapia como una oportunidad de conocerte, de descubrir todo el margen de cambio que aún tienes y de hacerlo en un contexto de seguridad, de saber que alguien vela por ti y te acompaña para que lo hagas del mejor modo posible.
¿Quieres mejorar hasta donde ni creíste que fuera posible?