1/15/2011

2011, un año difícil

NADIE CUESTIONA LAS dificultades que presenta el nuevo año que ahora comienza. Los expertos, sin excepción, consideran 2011 como una etapa de transición, del que se saldrá más fortalecido de cara al futuro. Muchos de ellos piensan que las reformas puestas en marcha aliviarán la crisis; sin embargo, los primeros días del nuevo año han servido no sólo para encarecer los precios de algunos sectores vitales para los ciudadanos, sino también para aumentar la inflación, empobreciendo a amplias capas de la sociedad. No se puede cerrar los ojos ante el drama de más de cuatro millones de desempleados, de los cuales miles de ellos carecerán a partir de ahora de las más elementales subvenciones, encontrándose en una situación de marginación y pobreza.

La esperanza, el ímpetu de fortaleza demostrado por la profesión enfermera a lo largo de su historia, de su larga carrera reivindicativa tanto en lo profesional como en lo laboral, no disminuirá un ápice pese a las enormes dificultades que hay que superar en esta larga crisis y que tanto daño está causando en el sistema sanitario y en sus recursos humanos. El recorte salarial del año pasado –sumado a la congelación de 2011 vía decreto, sin tener en cuenta la opinión ni las protestas de los agentes sociales, además del freno a la ampliación de las plantillas de profesionales sanitarios, especialmente de enfermería– muestra la voluntad de la Administración de cumplir los objetivos de déficit marcados por la Unión Europea para los próximos años. Sin duda, se avecinan nuevas reformas como la de las pensiones, donde se pretende –en este mes el Consejo de Ministros aprobará el proyecto de reforma de las pensiones– aumentar la vida activa para tener derecho a ella a los 67 años, aunque se tendrán en cuenta algunas situaciones especiales, sobre todo de aquellas profesiones consideradas difíciles y con gran desgaste vital, además de carreras largas de cotización, para que puedan seguir jubilándose anticipadamente.

Nadie duda de las dificultades que presenta el ejercicio profesional de enfermería y del desgaste personal que conlleva el duro trabajo realizado por las enfermeras –tensión, turnos, nocturnidad, guardias, festivos, etc.– a lo largo de una dilatada carrera profesional. Son muchas las que llegan al final de su vida laboral cansadas debido a las condiciones de su trabajo en los centros sanitarios. El Sindicato de Enfermería lo viene denunciando ante los organismos oficiales, llevando la voz de la profesión tanto ante la administración como a otros centros internacionales, abogando por abrir vías –como las ya existentes en otras profesiones– para que la enfermería pueda jubilarse antes debido a las condiciones del ejercicio de la profesión. Ahora, con la nueva reforma de las pensiones, se nos presenta una nueva oportunidad para que sea considerada entre las profesiones gravosas y que puedan seguir jubilándose a los 65 años, sin que sea penalizada hasta los 67 que prevé la nueva norma sobre jubilación.

A pesar de la crisis, a pesar del desencanto producido por el recorte de salarios y la congelación de las nóminas para este año, hay que seguir en la brecha, ampliando el respaldo profesional en torno a la profesión enfermera. Son muchos los temas que hay que negociar este año, abordando en su plenitud aspectos vitales para el ejercicio profesional. No hay que olvidar que tenemos sobre la mesa cuestiones que tendrán que seguir desarrollándose, como las especialidades de enfermería, como el marco competencial de la profesión con la prescripción enfermera o las múltiples posibilidades que abre la puesta en marcha del grado en las universidades españolas, que tendrá consecuencias positivas tanto en lo económico –al ser del Grupo A– como en lo profesional, al abrir nuevas expectativas profesionales tanto en la docencia como en la investigación y en la gestión. Es un abanico de posibilidades que nos permitirá seguir subiendo nuestro rol en el sistema sanitario.

Si hemos empezado este comentario con cierta desesperanza por la gravedad de la crisis y las consecuencias negativas que tiene para millones de ciudadanos –entre ellos, muchas enfermeras y enfermeros que tienen que irse de nuestro país para ejercer su profesión– tenemos que finalizar con ilusión y con expectativas de futuro. Y son muchas las que tiene enfermería, en todos los ámbitos, y muchas de ellas las conseguiremos –la más inmediata, con la reforma de las pensiones– si nos mantenemos unidos, fortaleciendo nuestra profesión. Ése es el camino, por él hemos conseguido grandes reivindicaciones en los últimos años. Y seguiremos materializando otras más necesarias hoy que mañana.