3/21/2010

Unidad de Cuidados Intensivos, un espacio entre la vida y la muerte


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La mortalidad en estas áreas especiales no supera el 10 por ciento. Los tratamientos que se les dan a los pacientes ayudan a soportar la vida en condiciones extremas.

Cuando por distintas causas las funciones vitales de una persona se ven seriamente comprometidas, de manera transitoria o permanente, ésta se convierte en candidata a ser atendida en una unidad de cuidados intensivos (UCI).

Estas áreas especializadas están dotadas de la capacidad técnica y profesional para soportar la vida, en condiciones extremas.

Quizá por eso una de las noticias que más estrés y angustia causa a los pacientes y a sus familiares es el anuncio del traslado a una UCI. Sin importar cómo se diga, la gente percibe el procedimiento de la misma forma: si lo remiten allá es porque está grave y se puede morir.

A esa percepción contribuye el uso en los pacientes de monitoreo permanente y de métodos invasivos de reanimación avanzada, como el ventilador mecánico, la diálisis y los catéteres; éstos son vistos por las personas como medidas extremas de sostén artificial de la vida.

No obstante, estos métodos, agresivos terapéuticamente hablando, se usan sólo mientras se logra la recuperación del paciente y su organismo es capaz de llevar a cabo, por sí solo, sus funciones. La creencia de que UCI es sinónimo de muerte y no de vida es más falsa que cierta.

Las estadísticas indican que gracias a los avances tecnológicos, diagnósticos y terapéuticos, se ha reducido, en forma significativa, la mortalidad por enfermedades que antes no eran recuperables.

En Colombia la mayoría de los pacientes críticos están internos por enfermedades cardiacas, pulmonares y neurológícas, así como por traumas.

Antes de la tecnificación del sistema, la mortalidad en estos casos bordeaba el 70 por ciento, hoy se ubica en alrededor del 10 por ciento.

Un caso concreto es el de los infartos, cuya mortalidad, a principios de los 70, era cercana al 30 por ciento. Hoy es apenas del 6 por ciento.

Aun así, el temor que se crea en los seres queridos es entendible. Durante las largas esperas que genera el aislamiento necesario al que debe someterse un paciente en estas circunstancias, la mente de los familiares tiende a llenarse de ideas dolorosas, negativas y de muerte.

Los médicos tratantes deben ayudarles a entender que hoy es posible lograr que los pacientes sienten menos dolor, tanto así que los procesos de sedación que se usan en estos casos causan una amnesia en la persona que no le permite recordar los eventos estresantes y traumáticos ocurridos en la UCI.

Aislamiento necesario

Pese a que el tratamiento en las UCI representa, en casos críticos, la diferencia entre la vida y la muerte, en las clínicas y hospitales del país hay un déficit diario de 200 camas de cuidado intensivo en promedio, con un problema adicional: estas unidades están amenazadas por la falta de recursos económicos.

No es para menos, pues por su complejidad y especialidad son servicios costosos: los primeros tres días en una UCI son los más caros, pues sus valores oscilan entre los 3 y los 20 millones de pesos por día; los siguientes tienen un costo aproximado de 900 mil a un a un millón de pesos. La estancia promedio de un paciente es de cinco días y medio.

Aunque al final la mayoría de los enfermos que ingresan se recuperan, es necesario restringir las visitas, debido al delicado estado de salud con el que ingresan. Por eso se recomienda a los seres queridos aprovechar los escasos minutos que se les permite estar con el paciente, para que los animen y les expresen todo el aprecio posible.

Tenga en cuenta

Las UCI son una oportunidad de vida para el paciente y no la antesala de la muerte.

La familia y acompañantes tienen todo el derecho a recibir información oportuna y amplia sobre el estado de salud de su ser querido.

Por el bienestar del enfermo siempre se deben respetar los horarios de visita. En este espacio se debe aprovechar el corto tiempo para apoyarlo y animarlo.

No hable por celular mientras se encuentre en la unidad, sobre todo si está cerca a los monitores, porque interfiere su señal.

Si el enfermo está consciente, y es mayor de edad, debe participar en la toma de decisiones que tengan que ver con su estado.

Recuerde que los médicos deciden con base en el consentimiento informado dado por el paciente o su familia.

José Nel Carreño
Especial para EL TIEMPO