6/08/2009

La sanidad no teme al Plan de Bolonia

Diario médico.

Ni la sanidad ni las facultades sanitarias tienen miedo del Plan de Bolonia porque creen que muchos de sus criterios ya se aplican y otros pueden beneficiar más que perjudicar.

No obstante, hay aspectos que tiene que ser considerados y resueltos, como por ejemplo la participación de los empleadores para que el nuevo sistema esté acorde con las necesidades del mercado laboral, la equiparación de los niveles docentes y los niveles salariales en la Administración pública o la mejor valoración del grado médico (el único de seis años).

La Declaración de Bolonia, suscrita por los ministros europeos de Educación en 1999, marcó el inicio de un proceso de convergencia hacia el Espacio Europeo de Educación Superior que tendría que ser una realidad el año que viene aunque, a causa del contexto económico, ya comienza a hablarse de retoques y de retrasar la meta al 2020.

Este proceso, que ha sido la causa de varias revueltas estudiantiles y del profesorado en las universidades españolas este año, es una de las columnas sobre las que se quiere construir la nueva Europa, en la que hay libre circulación de mercancías y capitales pero aún no de personas, y sobre las que se quiere asentar (mejor léase en pasado) la Europa que tiene que liderar económicamente el mundo apoyándose en la sociedad del conocimiento.

Este macroproyecto ha sido bien acogido en las facultades de Medicina nacionales, que están algo más acostumbradas que el resto a los nuevos instrumentos de aprendizaje y los conceptos de resultado, evaluación y calidad, pero se ha ido complicando mucho con el tiempo al añadírsele cada vez más elementos, según Benjamín Suárez, consejero asesor de la Agencia para la Calidad del Sistema Universitario de Castilla y León y ex miembro del grupo de trabajo promotor de Bolonia en el Ministerio de Educación y Ciencia.

A su juicio, hay demasiados agentes directa o indirectamente implicados (estudiantes, sociedad civil, profesores, universidades, profesionales, empleadores) y, en general, "hay pánico al cambio".

Los estudiantes se echan a la calle porque ven una mercantilización encubierta de la educación, y los profesores, porque creen que las agencias de acreditación son un peligro para el futuro de la universidad pública, que no será posible mantener la autonomía universitaria y que la universidad será una nueva meca del capitalismo europeo. "España no tiene interés en imaginar el futuro; prefiere mirar hacia atrás. El debate no está en las agendas gremiales y los agentes sociales van cada uno a lo suyo", ha explicado en una jornada sobre el impacto del Plan de Bolonia sobre las profesiones sanitarias, organizada por el Consorcio Hospitalario de Cataluña (CHC).

Bolonia implica algún peligro, como el de la desigualdad en las oportunidades de los estudiantes, pero no irresoluble. Blanca Palmada, comisionada para Universidades e Investigación de la Generalitat, por ejemplo, se reunió la semana pasada con el ministro de Universidades, Angel Gabilondo, para decirle que es urgente que se aclare la relación que habrá entre los nuevos niveles académicos y los niveles salariales en la Administración pública, particularmente en salud y en enseñanza. Según ha revelado en la jornada del CHC, los vicerrectores académicos de las universidades catalanas han acordado dirigir otra petición en el mismos sentido a Gabilondo y con carácter urgente.

Luisa Montes, de CCOO, ha dicho que Bolonia no resolverá los problemas de la sanidad pero servirá para redefinir las competencias de los profesionales sanitarios: "Se pueden incrementar las competencias de enfermería, pero para eso tiene que haber apoyo docente y legal". Y Joan Farré, director técnico del CHC, duda de que el plan sea útil para la sanidad si no se cuenta con la participación de los empleadores.

Francesc José María: "La LOPS es mucho más importante"
Francesc José Maria, abogado asesor del Consorcio Hospitalario de Cataluña y ex director gerente del Instituto Catalán de la Salud, ha recordado que para la sanidad española hay, y está pendiente de desarrollo pleno, algo mucho más importante que el Plan de Bolonia: la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias (LOPS), aprobada bajo el Gobierno del PP.

Esta norma, por poner algún ejemplo, dota de importancia la formación continuada y pone a su servicio toda la estructura del sistema de salud y también resuelve aspectos competenciales entre las diferentes profesiones. Miquel Bruguera, presidente del Colegio de Médicos de Barcelona, propuso recientemente que se use esta ley para ampliar las competencias de la enfermería en el seno del equipo sanitario y bajo la supervisión médica.

Francesc Cardellach: "No es un problema para Medicina"
El decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona, Francesc Cardellach, ha confirmado que a pesar de los problemas que ha sufrido esta institución a causa de la revuelta antibolonia, sus estudiantes se han mantenido al margen. "Se mantienen los seis años de formación pregrado y estamos formando buenos médicos; lo que hemos hecho es aprovechar para hacer nuevos planes de estudios, aunque nadie nos ha obligado porque los actuales ya cumplen con lo que se nos pide por normativa".

Desde su punto de vista, con el plan no hará falta cambiar ni el diez por ciento de los planes actuales para introducir competencias de comunicación, ética, gestión o asistenciales. "Ahora iremos por Europa y nos entenderán porque todos haremos lo mismo, y eso es bueno para la movilidad y la ocupabilidad".

Lucas de Toca: "Intentaremos controlar lo negativo"
Lucas de Toca, presidente del Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina, ha explicado a DIARIO MÉDICO que en las revueltas estudiantiles antibolonia no se vio a nadie de Medicina y, con excepción de una minoría de la Complutense de Madrid, no ha habido quejas o planteamientos en contra. "Somos muy particulares y vemos posibilidades de mejora, aunque hay aspectos posiblemente negativos que intentaremos controlar".

Medicina podría haber quedado fuera del plan pero finalmente se optó por una solución intermedia: mantener sus seis años de formación pregrado e incorporar todos los elementos docentes previstos. A los estudiantes les preocupa que el plan llegue tarde y no todo lo bien que debería a Medicina y ven un agravio comparativo que se equiparen sus 6 años de grado a los 4 años del del resto de carreras.